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Reelección en Michoacán

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El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.

Winston Churchill (Político británico 1874-1965)

Óscar Rubio García

Pues por fin, la tan anunciada reforma electoral en Michoacán para legislar la reelección, o como algunos han optado llamar elección continua, de diputados y ayuntamientos, fue aprobada este jueves por el Congreso del estado, no sin el jaloneo político durante la sesión y el que hubo en las reuniones de trabajo previas a la presentación del dictamen.

Jurídicamente el tema aún comienza y dará mucho de qué hablar, hay que esperar las previsibles acciones de inconstitucionalidad que, los actores políticos que se sientan afectados o en aras de una supuesta o legítima protección a los derechos político electorales de los ciudadanos promoverán ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, instancia que decidirá si esta reforma se apega o no a los parámetros establecidos en la Constitución Federal, desde la reforma político electoral del año 2014.

Ahora bien, políticamente ¿qué puede implicar esta reforma? Las respuestas son múltiples y nos llevarán seguramente varias entregas, derivadas no sólo de mi opinión, sino de los comentarios que Usted amiga y amigo lector me hagan llegar y que con gusto atenderé, pero de principio permítaseme decir que, de las notas periodísticas que el día de hoy han invadido ya los medios de comunicación, previo a la publicación oficial de las reformas, se desprenden apenas las premisas de las reglas para los interesados en reelegirse en los cargos que ahora ostentan.

Las cuestiones que hasta el momento de redactar la presente se conocen, es que la reelección para los diputados será de hasta cuatro ocasiones y deberán ser postulados por el mismo partido o de haber resultados electos por medio de una candidatura común, podrán postularse por cualquiera de los partidos que la hayan compuesto. En caso de que se quisieran reelegir por otro partido, deberán renunciar a su militancia, antes de la mitad de su mandato.

Otro requisito es la separación del cargo 90 días antes de la elección, exigencia que ha sido tema de muchas discusiones académicas y legales, ya que en otros países que contemplan la figura de la reelección, este requisito no existe, los representantes populares pueden realizar su campaña aún en el ejercicio de su encargo, el ejemplo más cercano es nuestro vecino país del norte; sin embargo, en México aún estamos bajo la sombra de la sospecha y la desconfianza de que los servidores públicos utilizarán los recursos que tienen a su cargo para financiar sus campañas.

En el caso de los ayuntamientos, las reglas antes señaladas aplican de manera semejante, excepto que podrán reelegirse sólo por un periodo más, podrán hacerlo todos los miembros de la planilla, sin saber en este momento si podrán saltar de un cargo a otro o deberá ser por el mismo que ejercen.

Pero, más allá del texto legal que regirá esta figura, es de suma importancia destacar lo que representa la posibilidad de reelegir a un representante popular, visto desde dos posturas, la primera y más relevante, desde los ojos del gobernado, y otra a partir de aquel que quiere continuar en su cargo.

La reelección es la oportunidad que tiene el ciudadano de juzgar y premiar o castigar a lo que, desde su percepción, fue un “buen o mal gobierno”, su voto o no, le dejará en claro a dicho personaje y al partido que lo postuló, su desaprobación o aprobación.

Del otro lado, tenemos a los actuales gobernantes que, a pesar de cómo hayan estado trabajando, buscarán nuevamente el voto ciudadano y es aquí donde surgen preguntas, ahora que posiblemente serán nuevamente candidatos y con su administración a cuestas ¿se atreverán a realizar las mismas promesas de campaña? aquellas que en su gran mayoría no han cumplido, ¿podrán ver a los ojos a sus gobernados y repetirles los mismos discursos?, ¿pensarán en realidad que los ciudadanos les vamos a creer?

¿Será que en realidad la separación del cargo los va a alejar de la administración pública? ¿Esa renuncia o licencia dará a la población la certeza y confianza de que, quienes los sustituyan no utilizarán recursos públicos para esas campañas?

Podrán los “nuevamente” candidatos, resistir la tentación de vanagloriarse excesivamente de los logros de su administración y ser honestos al aceptar cuántas promesas de la campaña previa no cumplieron, y que ni siquiera un nuevo periodo les alcanzaría para hacerlo.

Es mucho lo que falta por escribirse respecto al tema, lo cierto es que al estar ya las reglas del juego, seguramente comenzaremos o seguiremos viendo destapes, algunos discretos otros descarados de quienes ahora nos gobiernan, y de la mano, la guerra sucia que será al interior del Congreso y de los Ayuntamientos, más intensa que la que venga de afuera.

Esperemos pues dichos comportamientos, pero desde hoy involucrémonos como sociedad e informémonos de la realidad estatal y municipal, para poder tomar una decisión y otorgar o no de nuevo la confianza a los actuales servidores públicos electos ya una vez por medio de las urnas; como siempre, la decisión es de los ciudadanos.