Inicio Óscar Rubio García 19 de septiembre, 32 años después.

19 de septiembre, 32 años después.

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“Cada buena acción es la caridad. La verdadera riqueza de un hombre más allá es el bien que hace en este mundo a sus semejantes.” (Molière, Dramaturgo francés, 1622-1673)

Óscar Rubio García

La desgracia que enluta a México esta semana demuestra la grandeza de este país, pero sobre todo de su gente, de esa raza Mexica que en las adversidades, en el dolor y en el sufrimiento se levanta estoica para brindarse la mano, se une y solidariza con aquellos que padecieron la pérdida de un ser querido.

Cuando observamos las imágenes en televisión de los edificios colapsados, nos viene un sentimiento de tristeza y solidaridad con quienes estuvieron ahí, aun y cuando no tengamos la remota idea de quienes eran.

Soy de la generación que le tocó sentir el temblor de aquel lejano 1985, un jueves 19 de septiembre, siendo las 7:19 am hora de la Ciudad de México. En la fecha en mención mi edad -9 años-, no me permitió dimensionar el dolor de quienes sufrían esa desgracia, habrá que decir que otro elemento que nos aleja del sufrimiento, es que Zitácuaro no resiente los temblores con las magnitudes que se viven en la Ciudad de México.

Zitácuaro, por su geografía y distancia de las zonas sísmicas, recibe las últimas ondas expansivas del sismo, esto ayuda para que la fuerza telúrica impacte nuestra tierra con menor magnitud, aunque claro, esto no evita ni los sustos ni los temores naturales de un ser humano, de sentir el movimiento de la tierra o del área donde se encuentre al momento de un temblor.

¿Por qué rememorar lo vivido de aquel lejano 1985? ¿Por qué mencionar las bondades de vivir en Zitácuaro? debo decirle amiga, amigo lector que me tocó vivir el sismo del pasado 19 de septiembre que ahora fue a las 13:14 horas (1:14 de la tarde), en la Ciudad de México, por cuestiones de trabajo ese martes estaba en un edificio de la avenida Chapultepec, cerca de la Glorieta de Insurgentes.

Lo vivido ese día y los posteriores, en nada se compara con el lucimiento que hacen los canales de televisión, sus intocables reporteros y comunicadores buscan el mejor lugar para la toma, pero esos lugares son los más seguros, mismos que contrastan con los ocupados por los voluntarios, esos héroes desconocidos que brindan su apoyo sin importar el riesgo que corren, ellos son el motivo de este texto, un pequeño reconocimiento a su grandeza como seres humanos.

Ver cómo niños, jóvenes y adultos corren por calles y avenidas es desgarrador, encontrar a personas llenas de polvo y suciedad por los colapsos o derrumbes de los edificios donde estaban al momento del sismo, te dan la certeza de la vida y el sufrimiento que traen a cuestas, así de ambivalente es lo que se vive.

Y es que la mezcla de sentimientos que vives al momento y después del sismo, son incuantificables, vives la etapa del susto, vives la etapa de bloqueo mental que no te permite tomar la decisión de salir del lugar donde estas, vives la etapa de supervivencia que es cuando buscas la forma de salir de donde te encuentras, vives la etapa de solidaridad de quienes sufren en ese momento y pretendes ayudar tranquilizándolos o ayudándoles a salir, y finalmente si logras salir con bien del lugar, entras en la etapa de zozobra porque te encuentras en la calle con toda clase de rumores e imágenes de personas sufriendo ataques de ansiedad, crisis nerviosas, personas lastimadas, personas buscando a compañeros, amigos o familiares.

El tráfico detenido, la ciudad entera paralizada, los cuerpos de auxilio y rescate pretendiendo llegar a los primeros llamados de urgencia, y es precisamente en este momento cuando se vive la etapa más difícil, el sufrimiento y el dolor se respira a cada momento, empiezan los desplomes o colapsos de los edificios o casas, hay personas que no alcanzan a escapar de los lugares donde se encontraban, las crisis nerviosas o el bloqueo mental no les permite avanzar y se quedan estáticos, inmóviles.

El olor a gas en esa zona de la colonia Roma fue asfixiante, es una zona de restaurantes por tantas oficinas que hay la colonia y en las aledañas; empiezan los gritos de protocolo: “apaguen cigarros, no utilizar celulares, apagar cualquier motor, en especial de motos”, inicia el caos, gente corriendo sin rumbo, vistas pérdidas que buscan un lugar seguro, llanto en personas, crisis nerviosas que son atendidas con consejos tranquilizantes, inician las búsquedas de las personas, los gritos de los nombres de las personas desaparecidas comienzan a sonar en las calles, el ambiente negativo corre como el mismo aire contaminado de la Ciudad de México.

A partir de este momento, podemos enumerar las muestras de solidaridad, personas ayudando a retirar los escombros, familias enteras cargando agua, medicina y comida para los centros de acopio, personas consolando a quienes lloran, voluntarios agilizando el tráfico para que los cuerpos de auxilio puedan avanzar, motocicletas moviéndose por toda la Ciudad, llevando palas y víveres.

El caos reflejado en su televisión en nada se compara con lo que se vive en las calles que sufrieron el embate del sismo, son calles de guerra, el escenario es desolador, y es gracias a esas muestras de solidaridad que la Ciudad de México empieza a levantarse.

Seguramente lo vivido en la Ciudad de México, es algo que podemos encontrar en Oaxaca, Chiapas, Morelos y Puebla, si en algo pude mover su conciencia y decide apoyar, mi recomendación es hágalo directamente en la Ciudad de México en los centros de acopio oficiales, ello le permitirá dos cosas: 1. Cumplir con una obligación moral de ser solidario con quienes sufren, y 2. Saber que su ayuda llegará a quienes lo requieren, Usted decide a qué estado ayudar, en la Ciudad de México se concentran las ayudas también para Oaxaca, Chiapas, Morelos y Puebla, no permita que políticos sinvergüenzas y oportunistas recojan frutos de árboles que nunca sembraron.

Fuerza México, México de pie.