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Mariposas, hijas del Sol.

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Por:  Olivia Tirado Nievez.

Angangueo, Mich.- Angangueo es un pueblo con una localización geográfica muy peculiar, que tiene para el visitante, la magia que emana en cada una de sus manifestaciones socioculturales y naturales.  Este pueblo está sumido en las montañas, enclavado en un pozo, a más de 2 mil 500 metros sobre el nivel del mar.

Sus hechos históricos, a través de los tiempos, hablan de la bonanza minera, los bosques, la monarca y el deseo de sobresalir. La naturaleza es parte fundamental del paisaje de Angangueo, el color del cielo en combinación  con el verdor de sus bosques, da como resultado  el contraste de un azul diferente que sólo Angangueo posee.

El vuelo de las Monarcas, considerado como un fenómeno migratorio, hace que  lleguen a posarse en  los bosques de oyamel.

Entre las leyendas que los pobladores transmiten, es que ellos tienen la creencia de que las almas de sus antepasados regresan convertidas en mariposa, pues coincide el festejo del Día de Muertos con la llegada de las Monarca, que es a finales de octubre e inicios de noviembre.

Lo que es un hecho que sale de la realidad y se convierte en magia, es que la Monarca anuncia su llegada a Angangueo, al saludar, con su majestuosidad a sus súbditos (los pobladores); pues su vuelo convierte sus calles en ríos dorados, antes de llegar al bosque donde hibernará por casi medio año. Este mismo ritual se repite cuando se despiden… para que siempre vuelvan.

Otra  leyenda que mora entre los pobladores es que, justo en este espacio de la Sierra Madre, el Sol derrama su sangre y ésta se convierte en mariposas. Por lo tanto, sus hijas reciben el abrazo del Astro Rey, con gusto.

Cuando el Sol se oculta, se dice que es porque está enojado y por esa razón, se nubla y el pueblo de Angangueo recibe esa melancolía. A esta acción, las mariposas se juntan para darse calor, en la copa de los árboles, como lo hacen los habitantes al resguardarse en el seno familiar.