Inicio Zitácuaro Cosmovisión indígena, el retrato de un pueblo originario.

Cosmovisión indígena, el retrato de un pueblo originario.

Compartir
Foto de archivo

Por Olivia Tirado Nievez.

 

Zitácuaro, Michoacán.- La cosmovisión de los pueblos indígenas influye en cada aspecto de su vida, pues tiene que ver con la forma en que ellos se explican los fenómenos naturales y con la manera en que, éstos, interactúan con la naturaleza, ya que  organizan su vida social y religiosa, se comportan en el mundo y se relacionan con los dioses y con los humanos.

Como ejemplo, en la cosmovisión mazahua, las ceremonias y fiestas son espacios sagrados para armonizarse con la naturaleza y sus divinidades, donde la familia y la comunidad concurren y estrechan lazos.

Foto de archivo

En Zitácuaro, existe presencia mazahua y otomí. De las trece tenencias que conforman el municipio, resaltan 2, que son Crescencio Morales y Francisco Serrato, por tener mayor población mazahua. Sin embargo Francisco Serrato es en el que todavía, un 30 por ciento de sus habitantes practican la lengua madre.

Las fiestas tradicionales y patronales indígenas, son producto de su sincretismo cultural. Estas fiestas se han conservado y trasmitido por generaciones; en ellas se palpa el respeto, y la alegría con que son festejadas, pues queda de manifiesto la relación social y religiosa que existe entre los pueblos.

Estas fiestas representan los usos y costumbres, mismas que revelan diversas concepciones sobre la religión y su cosmovisión.

Entre las danzas indígenas, en la región Oriente sobresale la de Santiagueros. Esta danza tiene una connotación religiosa, pues simboliza la pelea entre el bien y el mal (cristianos y moros); es una lucha donde los santiagueros (danzantes con capas rojas), vencen a los soldados del mal (danzantes llamados Pilatos, que traen capa azul).

Estas danzas se originaron en España y conmemoraban la victoria de los españoles católicos frente a los musulmanes que vivían en la Península Ibérica, en la Edad Media. Los españoles las trajeron a México en el siglo XVI y las usaron para celebrar su victoria sobre los indígenas, a quienes identificaban con los infieles musulmanes.